viernes, 24 de julio de 2026

UNA DEUDA HISTÓRICA CON L@S AFRODESCENDIENTES DE AMÉRICA

 

 


Por: María Elcina Valencia Córdoba, Ph.D en artes.

 

El mundo tiene una deuda histórica con los afrodescendientes de América. Aunque desde los descubrimientos de la Eva mitocondrial se reconoce a África como cuna de la humanidad y a partir de allí todos seríamos afro descendientes, quiero utilizar este término para hablar de aquellas(os) que fueron arrancadas del sustrato génesis (Africa, la madre patria) y conducidos a América, un mundo desconocido para ellos y esclavizados en esa travesía trasatlántica que causó millares de muertes, deshumanización, humillaciones y después de una supuesta libertad a cuenta gotas fueron dejados a su suerte, sometiéndolos a una competencia desigual, enfrentados con quienes antes eras sus verdugos esclavistas.

Varias naciones participaron de este negocio cruel y sangriento. Hoy producto de la bonanza resultante de las riquezas extraídas de tierras enajenadas, saqueadas por la codicia y a costa de las vidas de quienes se resistieron y murieron por la defensa de su territorio, siguen siendo los jefes de los hijos de los esclavizados porque tomaron ventaja haciéndose grandes y poderosos con todas las garantías para el progreso que hoy ostentan; otros aunque no participaron directamente, se beneficiaron con el comercio, los grandes dividendos y la prosperidad de los protagonistas que saquearon las Américas pulverizando las culturas aborígenes para después enfilarse como verdugos hacia tierras africanas, deshumanizando pueblos y naciones enteras que tenían otros modos de ver el mundo.

Muchos fueron testigos de este magnicidio, pero se quedaron mirando para otro lado por su conveniencia; tampoco se pronunciaron en contra; solo se acostumbraron a ver la esclavitud como un sistema económico normal, donde hay vendedores y compradores, productores y consumidores, un sistema que deja grandes dividendos para los sectores poderosos de las cadenas productivas y condena a los demás a vivir en la miseria; por eso son también culpables, porque callaron cuando debieron hablar para rechazar y denunciar lo inhumano de lo humano que se cernía sobre las aguas del mundo.

Por los mismo la nación Colombiana tiene una deuda histórica con las comunidades Negras de su territorio, quienes después de haber quedado en libertad tras el sofisma de  la promulgación de la ley 21 en 1851, pero que solo empieza a regir en enero de 1852 de manera gradual, no han logrado condiciones de vida dignas, por no tener las garantías que se le dio a los esclavistas, a quienes se hicieron llamar amos; a quienes se adueñaron de las minas y haciendas. Ellos fueron indemnizados por cada persona esclavizada que quedaba en libertad; sin embargo a las mujeres y hombres negros “libertos” se les despidió sin nada, cambiando el modo de esclavitud que yo llamo: Esclavitud remunerada.

Este cambio de sistema se produjo, no porque fueran generosos los dueños del comercio mundial de la época, sino porque el sistema ya no era rentable económicamente; de modo con esa pequeña retribución económica los “libertos” podrían contribuir con los negocios de sus antiguos esclavistas quien ya no tendría que proporcionarles vivienda y manutención, sino que con lo poco que ganaban deberían costearse sus gastos y los de su familia, lo que volvía a las arcas de los esclavistas porque eran los dueños de los aserríos, minas y tiendas y haciendas.

Más tarde hasta las tierras de los caminos inhóspitos que fueron conquistando y cultivando para renacer de las cenizas, fueron consideradas como baldías por los gobiernos nacionales, enfrentándose a un nuevo proceso de lucha para su defensa del mismo estado, de los terratenientes y de grupos al margen de la ley.

Colombia, América y el mundo están en deuda porque no ha generado las condiciones para que puedan vivir de manera digna con acceso a la educación pertinente y de calidad, salud y un empleo bien remunerado de acuerdo con la constitución familiar o garantías empresariales para que puedan producir, transformar y comercializar el producto de sus cosechas; garantías para cultivar la tierra, extraer los minerales con un criterio de sostenibilidad para asegura la pervivencia cultural a la vez que aprovecha para su utilización y la de otros pueblos pero con ganancias significativas que aseguren el buen vivir en igualdad de condiciones como los y las demás grupos sociales del mundo.

Es una deuda que corre por las venas de América. Esta deuda debe pagarse con intereses moratorios porque no hay ni siquiera voluntad de pago; el estado debe revertirlo en programas sociales y culturales a las comunidades negras de este país, que los ponga a vivir en equidad de derechos en distribución equitativa; debe haber una discriminación positiva hacia los afro descendientes, devolviéndoles lo que se ha quitado y negado, y entregándoles en perspectiva de derechos y en mayor proporción de lo que le correspondería en términos normales en comparación con otros que han tenido lo suficiente y hasta en demasía.

Es hora de implementar medidas de reparación que permita sanar en lo material y lo espiritual para el buen vivir del pueblo afroamericano.

24-2-13

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